El Eternauta o la distopía que ya vivimos

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Ilustración de Juan Salvo con estética de la serie El Eternauta en Netflix

Para Édgar Adrián Mora 

Apuntos sobre la serie de Netflix basada en el Eternauta de Oesterheld

Vi El Eternauta y no dejé de pensar que ya todo estaba dicho. Antes de The Last of Us, antes de The Walking Dead, antes de los juegos apocalípticos que nos seducen con paisajes arrasados y héroes solitarios, Héctor Germán Oesterheld —con una historia publicada por entregas en 1957— ya lo había narrado todo: el miedo, la organización, la tragedia, la resistencia y lo que ahora vemos en plataformas en streaming.

El Eternauta no es sólo una historieta. Es una obra monumental de ciencia ficción que se escribió con la lucidez de quien ya intuía —y vivía— la amenaza del autoritarismo. Mientras en Estados Unidos la ciencia ficción se llenaba de platillos voladores y héroes individuales, Oesterheld escribió una historia coral.

Su héroe no es un elegido (cliché en las series populares), son un grupo de vecinos, un puñado de hombres y mujeres encerrados en una casa, rodeados por una nevada mortal que cae sobre Buenos Aires y que nadie sabe de dónde viene. No hay explicación científica inmediata ni un superhombre que salve el día. Solo hay organización barrial, decisiones colectivas, traiciones, miedo, esperanza.

La nieve como metáfora del poder

Ahí está lo que lo vuelve una obra incómoda para cualquier poder. El Eternauta es una metáfora política envuelta en nieve tóxica. Una crónica cifrada de cómo se va apagando una ciudad bajo el peso de un enemigo sin rostro, cómo los sobrevivientes se resguardan en casas como trincheras, cómo el afuera se vuelve amenaza, pero también el adentro: ¿en quién confiar cuando todo puede ser una trampa?

Y no es casual que su autor, el gran Héctor Oesterheld, haya sido desaparecido por la dictadura argentina. Ni que también hayan sido desaparecidas sus cuatro hijas, militantes políticas, junto con sus parejas y amigos. Oesterheld fue acorralado como sus personajes, asesinado como tantos. Lo último que se sabe de él es que seguía escribiendo desde el campo de concentración de El Vesubio. Que incluso allí —sin papel, sin libertad, sin garantías— no dejó de narrar ni imaginar futuros posibles.

Ver la adaptación de El Eternauta en estos tiempos es una experiencia doble. Por un lado, conmueve ver que por fin se hace justicia audiovisual a una obra pionera de la ciencia ficción latinoamericana. Por otro, amarga un poco la existencia. Porque una historia escrita en 1957 para denunciar lo que ya se vivía, parece haber descrito nuestro presente: militarización, pandemias, muros, migraciones desesperadas, vigilancia, desapariciones.

Ilustración de Joel Flores como Juan Salvo con estética de la serie El Eternauta en Netflix, Joel Flores BLOG
Ilustración de Joel Flores como Juan Salvo de la serie El Eternauta en Netflix

Las distopías de América Latina

No lo voy a negar. La industria cultural estadounidense nos vende la distopía como espectáculo. Nos ofrece zombies, explosiones, antihéroes con traumas de infancia. Pero en América Latina la distopía no es espectáculo: es historia reciente y viva. Y El Eternauta lo supo. Supo que el verdadero terror no es un alien con tentáculos ni un virus. El verdadero terror es que te desaparezcan por pensar diferente y contar la verdad. Que calles por miedo. Que resistas en soledad. Que te vendan la idea de que no se puede hacer nada, cuando en realidad la única forma de sobrevivir es con los otros.

Hay que volver a leer a Oesterheld. Este gran hombre entendió que la ciencia ficción no sirve solo para imaginar otros mundos, sino para señalar con precisión quirúrgica lo que no queremos ver del nuestro. Su obra fue un acto político, literario y humano. Su legado sobrevive en cada lector que entiende que la historia no empieza con Hollywood. También se contó desde el sur. Fue dibujada con tinta y sangre.

SOBRE EL AUTOR
Retrato de Joel Flores, escritor y narrador mexicano

Joel Flores escribe historias que destacan por su profunda conexión con la realidad mexicana. Leer más ➡

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Joel y Kami descansando