“Lo cierto es que la ciudad se piensa y se diseña, en su mayoría, desde la perspectiva del automóvil.”
Alejandro Zamora
La ciudad se diseña desde el parabrisas, nosotros la narramos desde el manubrio
Hay libros que se leen con los ojos, otros con el cuerpo. Descubrir que hay vida pertenece a este segundo tipo de literatura. No solo porque habla de ciclismo urbano —de ruedas, banquetas, baches y pulmones—, sino porque sus doce crónicas están hechas desde una escritura que escucha, que acompaña, que respeta el ritmo de quien cuenta y pedalea y, lo mejor, lo hacen desde la comunidad.
Publicado bajo el sello del Laboratorio Nacional de Materiales Orales de la UNAM, el libro reúne doce historias nacidas desde la voz viva de ciclistas urbanos de diversas ciudades mexicanas. Pero más que un compendio de anécdotas, se trata de una apuesta narrativa que transforma la investigación académica en un archivo afectivo y político de la movilidad.
El auto impone, la bici propone
Alejandro Zamora y María José Ávila entienden que narrar el ciclismo urbano es hablar de movilidad alternativa y de resistencias. En los doce testimonios que conforman este libro de crónicas hay una ciudad que se disputa: la del automóvil, la del privilegio, la del desarrollo a costa del cuerpo; y otra, más frágil pero insistente, que se abre paso desde la llanta, el sudor y el afecto.
La frase que encabeza este texto condensa una crítica memorable: la ciudad, tal como la vivimos hoy, se diseña desde el parabrisas, es pensada desde la comodidad del automóvil. Es decir, desde una mirada que privilegia la velocidad, la eficiencia, la propiedad privada y el aislamiento. Una mirada que piensa en el asfalto como la mejor solución para el desarrollo vial, que borra el cuerpo, la interacción de la gente con la calle, el cruce de miradas, el encuentro. Una ciudad sin cuerpos no construye una memoria.
El modelo dominante de ciudad —como bien señala Alejandro Zamora— ha sido construido en función del coche, no del habitante (para saber más, lea el caso del proyecto del segundo piso vial en Zacatecas). Frente a esto, las historias del libro, Descubrir que hay vida…, son una forma de devolverle a la ciudad su dimensión humana y su capacidad narrativa.
Donde no hay banquetas, inventamos rutas
El título de este libro no es gratuito: “descubrir que hay vida” es también descubrir que hay ciudad donde parecía que no, que hay historia donde solo veíamos rutina, que hay comunidad incluso en el trayecto más solitario, que hay camino donde pensamos que hay oscuridad, que hay vida, incluso donde el mapa dice que no. Pedalear —nos dicen las voces del libro— es también un acto de cuidado, de memoria, de ternura.
La escritura, lejos de buscar espectacularidad, se pliega a la voz de los ciclistas, pedaleantes del mundo, que narran. Cede protagonismo. Crea espacios de pausa, de quiebre, de reconstrucción. Algunas de las historias duelen, otras hacen sonreír, unas más nos invitan a reflexionar y hasta dan ganas de sacar la bicicleta y escribir, como ellos, la ciudad desde el sillín. Todas las historias revelan algo que se escapa desde el parabrisas: que la ciudad no es lo que nos venden, sino lo que hacemos con ella cuando la recorremos a nuestro ritmo y desde nuestra mirada.
La bici no es alternativa, es camino
Como lector y caminante, este libro me hizo pensar en las veces que una calle puede salvarte, en cómo una bicicleta puede ser también una compañera de duelo, de protesta, de fiesta. En cómo las ciudades necesitan menos manuales de tránsito y más relatos que digan: aquí vivimos, aquí resistimos, aquí trazamos nuestra ruta diaria y seguimos pedaleando.
Descubrir que hay vida es un libro que se agradece por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. En tiempos de velocidad, de ruido y de urgencias, tomarse el tiempo de escuchar a doce voces de ciclistas es también un acto político y de amor. Un recordatorio de que, aunque parezca que no, aún hay cuerpos que no se rinden y hay historias que persisten, pues cada ciclista es un archivo vivo de su barrio.
Este libro nace del sitio web Reciclarse en la ciudad. «Historias de vida, crónicas colaborativas y crónicas fotográficas de personas y grupos que pedalean en las calles de México. En este proyecto nos interrogamos, desde la comunidad, sobre las geografías emergentes de la vida en bicicleta».