Los peligros de la IA

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Peligros de la inteligencia artificial en educación y comunicación BLOG IAMJOELFLORES

Hace apenas un año descubrí ChatGPT y, sin dudarlo mucho, lo incluí en el curso de Metodología de la Investigación que impartía en una escuela de Tijuana. Creo que la tecnología puede utilizarse como herramienta para mejorar el aprendizaje y el desempeño, no como amenaza al desarrollo educativo. El resultado fue sorpresivo.

Por un lado, la IA ayudó a los estudiantes en su revisión de los trabajos. Me entregaron textos con menos faltas de ortografía, con fuentes de consulta verificadas y argumentos claros. De pronto, parecía que había erradicado en esa aula los problemas de falta de vocabulario, economía expresiva y paráfrasis. Por el otro, hubo quienes enviaron a mi correo el lamentable copy paste de la IA. Sí, quienes plagiaron la información, sin verificar si era falsa.

Los resultados que vi en ese curso son un síntoma de algo más amplio: ¿la inteligencia artificial es peligrosa o somos nosotros, los seres humanos con todos nuestros dones y defectos, quienes representamos el verdadero peligro al usarla?  

Hay una frase que escucho cada vez con más frecuencia: “con la IA cualquiera puede escribir de manera profesional”. Y no se equivocan, cualquiera puede producir  un texto que suena experto y verdadero. ¿Acaso no era eso uno de los grandes objetivos de la educación?

Expertos instantáneos 

Lo inquietante es la confusión entre la apariencia de claridad y el conocimiento real que nos regala Gemini o ChatGPT, por mencionar algunos. Y no se discierne que la inteligencia artificial es un espejo amplificado: si desde los inicios de la educación del ser humano hay una falta de interés en el lenguaje, la adquisición de vocabulario, el criterio selección y análisis de datos y, sobre todo, en la ética sobre cómo usar y para qué la información, la IA  regala el terrible espejismo de que ya eres un experto.

Y ése es el verdadero peligro.

La inteligencia artificial permite que cualquier persona redacte «bien» sobre cualquier tema: fiscalidad, nutrición, literatura, psicología, salud emocional, violencia, migración, política, marketing. Basta un prompt y la sensación  de que la máquina entiende. Pero el texto que produce  es una estructura sin raíz.

Por primera vez en la historia, la escritura llega antes que el aprendizaje. El lector sin herramientas de análisis cae en la trampa más vieja del lenguaje: si se oye o lee bien, debe ser cierto. 

Pero un bot no piensa, no duda, no contrasta fuentes, no sabe cuándo un dato es falso o cuándo una cifra fue inventada por otro bot hace dos meses ni distingue una metáfora precisa de una frase hueca, si tú (el humano que da la orden y lo entrenas) carece de esa formación, el resultado será un espejo magnificado de tu falta de herramientas.

El escritor, el periodista, el académico, el creador de contenido: todos aprenden a elegir. Elegir el dato confiable, la palabra o frase exacta, el orden de los hechos, el qué se dice y qué se omite. Pero, sobre todo, la intención y la veracidad.

Ese proceso —el que no se ve— es el que impide que un texto se convierta en una mentira bien redactada, que podría caer en falsa información que se sigue a pies juntillas y convierte, a los que se dicen saber, pero no saben, en expertos instantáneos, eruditos falsos que escriben con tono de verdad. 

Ojo aquí. Este texto no tiene como objetivo satanizar a la inteligencia artificial. Para más información sobre mi postura, escucha este episodio de mi podcast La casa donde escribo.

Para quienes escribimos, la IA es una herramienta extraordinaria. Ahorra tiempo, acelera procesos, ayuda a probar distintas perspectivas narrativas, formas de editar y revisar el tono y el ritmo del lenguaje. Ilumina caminos que uno no alcanza a ver, por las múltiples tareas que trabaja. Pero nada de eso sustituye el oficio que se aprende con la permanencia durante años y esa lucha terca de convertir el lenguaje en tu herramienta principal. Nada sustituye la conciencia de que cada palabra, y el mensaje que uno puede crear con ellas, es una responsabilidad ética de quien escribe y quien difunde.

La responsabilidad sobre la creación y uso de la información siempre será humana

Si no conoces todavía los alcances de la inteligencia artificial, pero tienes la inquietud por saber qué es y cómo funciona. Antes de utilizarla te invito a preguntarte lo siguiente:

  1. ¿Estoy usando la IA para aprender algo nuevo o solo para maquillar lo que no sé?
  2. ¿La IA me ayuda a pensar o solo me ayuda a sonar como si pensara?
  3. ¿La IA me está acercando al conocimiento o me está alejando de la responsabilidad de aprender?
  4. ¿Lo que escribo con IA nace de mi juicio o de mi prisa?
  5. ¿Uso la IA para investigar o para evitar investigar?
  6. ¿El texto que genero es una herramienta para entender el mundo o un disfraz para ocultar que no lo entiendo?
  7. ¿Estoy entrenando a la IA o la IA me está entrenando a mí?

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SOBRE EL AUTOR
Retrato de Joel Flores, escritor y narrador mexicano

Joel Flores escribe historias que destacan por su profunda conexión con la realidad mexicana. Leer más ➡

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