La onda expansiva tras la captura del Mencho

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Región de San Felipe, poblado rural de los Altos de Jalisco

La mañana del domingo 22 de febrero México despertó con la tan conocida sensación del miedo. A pocos meses de celebrarse el Mundial de fútbol, mientras el país se prepara para recibir visitantes y proyectar estabilidad, un operativo militar capturó herido en Guadalajara, Jalisco, a Nemesio Oseguera Cervantes (el Mencho), considerado por Estados Unidos como uno de los hombres más peligrosos del mundo.

La noticia viajó con rapidez en redes sociales. Ciudadanos compartieron imágenes y videos de vehículos incendiados, bloqueos en avenidas principales, carreteras interrumpidas, comercios que cerraban antes de tiempo en una de las ciudades más importantes del país. En cuestión de minutos, Jalisco y parte de sus municipios se convirtieron en un escenario de guerra.

El miedo creció debido a que las autoridades oficiales (como es también una costumbre en México) tardaron en dar noticias del hecho. Con lo que aportaban ciertas cuentas de Instagram y otras más de noticias, podía conjeturarse un panorama inseguro.

Hasta que llegó el boletín oficial.

Las capturas de alto perfil suelen leerse en clave estratégica. Se habla de coordinación interinstitucional, debilitamiento de estructuras criminales. El lenguaje es técnico y necesario. Pero mientras esas palabras ocupan el centro del discurso, la vida diaria se desajusta en silencio, con una ola de violencia expansiva.

Ese desajuste casi nunca aparece en los comunicados oficiales y parece no preocuparle a los altos mando que, su objetivo principal (parece) es la aprehensión del criminal y no las consecuencias del operativo.

Las noticias del ciudadano de a pie son otras.

Una compañera de trabajo de mi esposa tenía la maleta lista. Había planeado con su novio un viaje a Chiapas, el primero que harían juntos. Los vuelos incluían escala en Guadalajara. Las reservaciones estaban pagadas con el dinero de sus utilidades. Un año de trabajo comprimido en unos días de descanso. El cierre del aeropuerto alteró sus planes. La aerolínea ofreció reembolso en crédito electrónico; el hotel no devolvió el dinero, porque, como muchos otros negocios, no están preparados para esos eventos y no estás dispuestos a absorber los costos.

La captura de un capo terminó convertida en una pérdida íntima, concreta, difícil de recuperar. No sólo es la perdida de dinero, es el robo de nuestra libertad.

Ese mismo día, en la agencia estábamos por acordar una ampliación de campaña publicitaria con uno de nuestros clientes de Guadalajara, un proyecto que tardamos casi dos años en cerrar. Tras la noticia, los objetivos cambiaron de rumbo: no era momento de invertir más. La incertidumbre se volvió variable económica.

Nada de eso figuró en la narrativa principal del operativo que capturó al Mencho. Sin embargo, forma parte del mismo acontecimiento.

En medio del desconcierto, algunas personas aprovecharon la zona de guerra para saquear tiendas de conveniencia. Conocidos de Jalisco presenciaron el momento en que personas cargaban refrigeradores completos de un OXXO. No bolsas de productos, el aparato entero. La imagen sugiere una fisura que se abre cuando la autoridad concentra su fuerza en un frente y el resto del tejido social queda momentáneamente desprotegido o fuera de la ley.

¿Qué ocurre en una sociedad que ha normalizado la interrupción violenta de su rutina? ¿En qué punto el caos deja de percibirse como excepción y comienza a convertirse en margen de acción? La inseguridad no solo produce miedo; también desfigura los límites morales y cívicos.

Aeropuertos cerrados, contratos suspendidos, ahorros comprometidos, comercios vaciados: la onda expansiva se desplaza más allá del éxito del operativo.

Si en mi entorno inmediato aparecieron estas historias, es probable que existan muchas más que se escapan o rondan en las redes sociales. La violencia en México no solo se mide por sus víctimas directas. También se mide por la manera en que reorganiza lo cotidiano, altera calendarios, modifica decisiones y deja, detrás de la captura de un capo, una suma de pérdidas dispersas, que terminamos pagando los ciudadanos.

¿Cuánto está dispuesto a absorber el tejido social frente a una guerra que parece no tener fin? ¿Qué está dispuesta a sacrificar por recuperar una seguridad que se ha tardado en aparecer en las calles?

Hay veces en que la guerra cansa.

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SOBRE EL AUTOR
Retrato de Joel Flores, escritor y narrador mexicano

Joel Flores escribe historias que destacan por su profunda conexión con la realidad mexicana. Leer más ➡

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