Terry Fox y la esperanza en Canadá
Estábamos en Beacon Hill Park, Victoria Island. Habíamos caminado entre jardines bien cuidados, caminos de grava y árboles altos que parecen estar acostumbrados al silencio. Hacía algo de viento. Las nubes pasaban lentas sobre el estrecho de Juan de Fuca, y el olor a sal mojaba el aire. Entonces Flor me dijo mira, la encontramos, ahí está Terry Fox. Señaló una estatua de bronce con la expresión firme de quien aún corre. Me detuve. Aunque Flor me había estado hablando de Terry Fox y la esperanza en Canadá durante la caminata, no conocía bien su historia y le puse más atención mientras me platicaba.
Terry Fox tenía 18 años cuando le diagnosticaron cáncer en la pierna derecha. Se la amputaron por encima de la rodilla. Podía haber detenido todo ahí: el deporte, los estudios, el futuro. Pero algo dentro de él no se detuvo. A los 21 años, con una pierna ortopédica y una promesa consigo mismo, decidió correr de costa a costa por Canadá para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer. Llamó a su hazaña el Maratón de la Esperanza.
Comenzó en St. John’s, Terranova, un lugar que muchos mexicanos conocimos por la propaganda que circuló en 2022, la cual presentaba a la región como el lugar más barato para vivir en Canadá.

Para Terry Fox, ese punto en el extremo oriental del país no era una promesa inmobiliaria: era el inicio de una gesta. Corría el equivalente a un maratón diario, con un andar entrecortado por la prótesis, por el dolor, por el cuerpo que ya no era el mismo.
Cada paso era una batalla, y cada kilómetro una declaración. Terry recorrió 5,373 kilómetros en 143 días. Llegó hasta las afueras de Thunder Bay, Ontario. Allí el cáncer volvió, esta vez a los pulmones.
Aún con ganas de seguir y con la esperanza de terminar su gesta, Terry Fox murió menos de un año después, a los 22. Historia dura y triste.
La geografía del esfuerzo
Lo que hizo Terry Fox fue físico, concreto y sobrehumano. Con una pierna ortopédica, corrió lo que muchos no corren en una vida: 127 maratones en 143 días.
Pero ese recorrido —por increíble que parezca— también dialoga con otra ruta silenciosa, más clandestina y menos celebrada: la que hacen muchos migrantes latinoamericanos que llegan hasta Canadá, entre Tegucigalpa y Tijuana, una ruta marcada por la violencia de pandillas, extorsión, secuestros y deportaciones1, desde El Salvador hasta Reynosa, el trayecto de un solicitante de asilo que sube y cruza a Estados Unidos, atraviesa el país y entra a Canadá por Roxham Road, en Quebec, o por pasos no oficiales en Columbia Británica2, el Tapón del Darién, la selva entre Colombia y Panamá donde cientos de migrantes mueren cada año3, la ruta entre Ciudad Juárez y Toronto, bordeando retenes, caminando de noche, con miedo constante de ser detenido4, de Lima a Vancouver, atravesando varios países, cordilleras, climas extremos y trámites imposibles5, y las rutas que se me escapan.
Ambos cuerpos, el del atleta y el del desplazado, avanzan impulsados por algo que los excede: la esperanza. Una esperanza que se construye con lo que el cuerpo y su memoria muscular sostiene.

El legado de Terry Fox en Canadá
Su historia me conmovió. Pero me dejó más inmóvil la estatua. Ese gesto congelado en bronce, esa voluntad que no se oxida. Kilómetro cero es el lugar desde donde alguien decide empezar, aun sin garantías de llegar al final. Hay recorridos que no sólo son geográficos, son morales. Espirituales. Humanos.
No pude evitar pensar en otros cuerpos que se mueven. Los que migran. Los que caminan bajo el sol sin saber si los detendrán. Los que cruzan un país, una ciudad, una historia para encontrar algo parecido a la dignidad. En todos ellos hay un poco de Terry Fox: no en el destino, sino en el impulso. En esa fuerza que nace no del cuerpo, sino de lo que el cuerpo sostiene, lo que el cuerpo recuerda y lo que uno, al desplazarse, se obliga a recordar: la casa, la familia, la comida, el amor que deja atrás.
Yo también me he movido. No como él, no con su gesta, pero sí con la necesidad de estar en otros territorios posibles. A veces creo que camino para entender mi lugar. O para reconocer que el lugar no es un punto fijo, sino una suma de pasos. Y ese día, frente a la estatua, sentí que todos los que alguna vez hemos sentido que algo nos empuja a seguir compartimos el mismo motor: la esperanza. Aunque venga rota. Aunque duela.
Volví a mirar la placa. Ahí decía que ese punto marcaba el kilómetro cero de la autopista Transcanadiense. Pero para mí era algo más: el punto exacto donde empieza la decisión de seguir. Donde se planta uno frente al miedo y, aun así, da el primer paso.
No sé si Terry Fox sabía que su gesto iba a cambiar el país. Tal vez solo quería correr. Tal vez solo quería vivir. Pero al hacerlo, enseñó que hay viajes que no necesitan destino para tener sentido. Que la esperanza no siempre llega desde afuera, sino que se construye, paso a paso, con una pierna menos y una voluntad más grande que el dolor. Con lo que el cuerpo sostiene. Y recuerda.
- Organización Internacional para las Migraciones (OIM),
“Migrantes en tránsito por México”
2022. Perfil Migratorio de México – Boletín Anual 2022 ↩︎ - CBC News
“Why Roxham Road became a symbol of Canada’s asylum policy”, 2023.
Why Roxham Road became a symbol of Canada’s asylum policy ↩︎ - Human Rights Watch
“Darién Gap: The Jungle Where Poor Migration Policies Meet”, 2024.
Darién Gap: The Jungle Where Poor Migration Policies Meet ↩︎ - Médicos Sin Fronteras (MSF)
“Violencia, desesperanza y abandono en la ruta migratoria”, 2022.
Violencia, desesperanza y abandono en la ruta migratoria ↩︎ - ACNUR (UNHCR)
“El largo camino hacia el norte: migrantes en Sudamérica rumbo a Canadá”, 2023.
Recepción e integración de personas migrantes y refugiadas en América Latina ↩︎