La vida pública de mis árboles

LEE MIS LIBROS
árboles frutales en una jardinera urbana: guayabo, naranjo y mandarino creciendo junto a un departamento en Tijuana

Cuidar los árboles en la ciudad

Un nuevo hábito ha nacido en mí desde hace unos meses: cuidar de tres seres vivos que llenan mi alegría todas las mañanas y roban mi preocupación la mayor parte de la semana. Se trata de tres árboles frutales que coloqué en la jardinera del departamento, con el objetivo de integrar la vida natural a donde siempre sobresale el cemento y el asfalto.

Los traje a casa ya crecidos, venían desde distintas partes del país, con algo de plaga y maltratados. Desde hace un mes se han ido recuperando y están dando frutos en una de las fechas más maravillosas del año.

árboles frutales en una jardinera urbana: guayabo, naranjo y mandarino creciendo junto a un departamento en Tijuana

Se llaman Guayaboy, Naranjoso y Mandarina. Los nombré porque ahora forman parte de mi casa: están echando raíces en donde yo también estoy creciendo. Guayaboy es el más robusto, ha dado más frutos de guayaba fresa y, desde hace días, perfuma la sala de mi casa. Naranjoso es tranquilo, florece y sus hojas se abren con dignidad y atrevimiento, luego de haber sacudido de su follaje larvas, pulgones y estrés. Mandarina, por su parte, es silenciosa, no da problemas, sólo frutos pequeños que, conforme pasan los días, se tornan del color de la esperanza y el apetito.

Gracias a ellos he aprendido sobre fertilizantes y fungicidas naturales, sobre productos especializados en viveros de San Diego, el crecimiento de los frutos, los nombres de las larvas y pulgones. Y, aunque suena raro, me han ayudado a mitigar mi aracnofobia y ansiedad. A veces me pregunto si son ellos los que me cuidan y me han dado una nueva ruta en mi rutina o soy yo el que se ha apegado tanto a ellos que ya soy parte de su vida.

“Una casa”, dice Antonia Melo,“ es como plantar un árbol: uno lo que hace es echar raíces que se hundan hasta el corazón de la tierra”. Pero estos árboles se han hundido en mí.

Cada mañana, antes del desayuno, salgo al pasillo con café en mano para ver cómo amanecieron; si se han caído hojas o si alguna está doblada o amarilla, si han crecido frutos o si se asomó alguno nuevo en las ramas. Por las tardes, al terminar la jornada, me acerco a la jardinera para ver si ya se escondió el sol y revisar si les hace falta riego.

árboles frutales en una jardinera urbana: guayabo, naranjo y mandarino creciendo junto a un departamento en Tijuana

Ese gesto —el de echar agua, limpiar una hoja, mirar si hay insectos— me ha devuelto una calma que no sabía que me faltaba. Es un ritual breve, pero significativo. Ellos reciben mi cansancio sin juzgarlo. Yo recibo su silencio como respuesta. Cada flor o fruto son un agradecimiento. 

El clima de Tijuana y su potencial para cuidar árboles en casa

Cuidar árboles en la ciudad es, en cierto modo, una forma de reescribir su planeación urbana y ecosistema. Tijuana es, como muchas otras, una ciudad donde se privilegia el automóvil como medio de transporte y se mira con desdén el acto de caminar sus calles. Incluso es nula la inclusión de la naturaleza en los desarrollos urbanos y hay un culto a las palmeras que me parece incomprensible; se siembran donde no deberían de ir y luego se dejan en el olvido.

Suele verseles en la ciudad como homeless que se secan bajo el sol.

Desde hoy me pregunto: ¿serán mis tres árboles quienes vayan a vivir por siempre en esta casa o seré yo quién tenga que despedirlos si se viene una mudanza? Lo que más duele de hacer una vida son los apegos con la naturaleza y luego desprenderte de ella.

Adoptar áreas para convertirlas en verdes es una tarea que mejora nuestra rutina y estado de ánimo. Fomenta la interacción con la naturaleza y su crecimiento. Cuando pregunté a un agricultor sobre qué árboles podrían darse en el clima bajacaliforniano, su respuesta me sorprendió: «todos, los que quieras, Tijuana tiene uno de los mejores climas de México». 

Y es verdad:  Guayaboy, Naranjoso y Mandarina son el ejemplo de ello. Crecen, resisten y miran la ciudad, como tres jovencitos frente a la inmensa Tijuana.

También puedes leer:

SOBRE EL AUTOR
Retrato de Joel Flores, escritor y narrador mexicano

Joel Flores escribe historias que destacan por su profunda conexión con la realidad mexicana. Leer más ➡

SUSCRÍBETE A MI NEWSLETTER

Suscríbete a mi blog y acompáñame a explorar esas ideas que no llegaron al libro, pero que valen la pena leer.

Joel y Kami descansando