Lo que enseña leer a quienes sueñan con escribir
Hace poco participé como jurado en un comité de selección de proyectos culturales financiados por el gobierno de México. Todos los proyectos que evalué fueron de literatura: algunos comunitarios, otros individuales; unos escritos por jóvenes autores y otros por creadores con trayectoria.
No puedo compartir detalles específicos por razones de confidencialidad, pero sí puedo ofrecer algunas ideas útiles para quienes busquen postularse a una beca de creación literaria.
Desde los 18 años aprendí a escribir proyectos culturales para financiar la escritura de mis libros. He recibido la mayoría de las becas de creación literaria en México, así como apoyos en España y Canadá. Esta trayectoria me ha ayudado a establecer una metodología para escribir proyectos sólidos y una serie de herramientas que me ayudan a evaluarlos sin caer en subjetividades.
Primero leo el proyecto en sí, para conocer el nivel de conocimientos teóricos del postulante: cómo plantea sus objetivos, qué fundamentos sostiene, cuál es su claridad conceptual de lo que va a crear. Luego leo la propuesta poética, que revela su capacidad para escribir y conmover. Finalmente, reviso la trayectoria, porque estas becas también están orientadas a reconocer la excelencia y el esfuerzo sostenido del postulante.
Lo primero y lo segundo bastan para saber si estamos ante una propuesta sólida. Lo tercero es una manera de entender el camino que el postulante ha recorrido en un país donde el mercado editorial es centralista y las oportunidades para publicar son escasas.
Para no caer en un criterio rígido, trato de ser flexible: si el proyecto es débil en lo teórico, pero la muestra narrativa es poderosa, lo considero un candidato fuerte. Si ocurre lo contrario —un proyecto sólido, pero una muestra débil—, lo descarto.
Al final, lo que leerán los lectores será el resultado literario, no la promesa conceptual.
Quien manda hacer una casa con un contratista no paga únicamente por los planos: paga por la casa construida, habitable, sin vicios ocultos.
Si entre los postulantes hay alguien que apenas inicia el camino sinuoso de la escritura, pero cuya propuesta poética es sobresaliente —aunque tenga poca trayectoria o un proyecto apenas bosquejado—, no lo dudo: apuesto por esa voz, porque cuando el producto literario es bueno, lo teórico puede pulirse con el tiempo, así como la trayectoria llegará con su esfuerzo y perseverancia.
Me encantan los proyectos escritos en clave novelística. Desde la postulación misma, uno intuye que quien escribe sabe que está solicitando una beca para crear arte, no para hacer ciencia.
Sobre esto, prometo escribir pronto un artículo.
Lo que más me inquietó de ser jurado fue el contraste entre dos mundos: el de los autores con experiencia y el de los autores jóvenes.
Sorprendentemente, los autores jóvenes escriben con más arrojo y amor por la literatura. Había en sus propuestas algo fresco, algo que todavía no se ha doblado ante la industria, los fracasos, los premios, las reseñas tibias o la tentación del olvido. Sus proyectos están llenos de urgencia por narrar y por hacer comunidad.
Algunos autores, especialmente en poesía, reflexionan sobre sus padecimientos psicológicos. Los nombran desde lo clínico, pero los tratan —o mitigan— desde lo literario. En esos casos, la escritura no es una aspiración estética: es una supervivencia.
Becas de creación literaria
Estas becas son importantes porque permiten que personas en condiciones de precariedad, desempleo o con pocas oportunidades para escribir, puedan dedicarse a crear arte sin tantas presiones económicas, al menos por un año u ocho meses.
Si me permiten hacer una crítica constructiva, el gobierno de México debería inyectar más dinero de su presupuesto al apoyo de escritores jóvenes. Un gran número de postulantes fueron jóvenes talentos o jóvenes creadores y en esta ocasión se quedaron cortos en presupuesto. Duplicar los apoyos es una inversión cultural, tanto en la escritura, como en la música, el teatro o las artes plásticas. Y, lo mejor, es que esa inversión puede estar sujeta a la muestra de resultados.
Participar como jurado me recordó eso: que uno también aprende al leer lo que otros sueñan hacer. Y que la literatura, por fortuna, aún no está en manos del prestigio, sino del deseo.
También podrías leer